MARÍA ISABEL GONZÁLEZ DEL VALLE Creatividad evangelizadora

Artículo del Boletín de las Misioneras nº39

El pasado 18 de noviembre, en la Iglesia del Sagrado Corazón de Málaga, tuvo lugar el acto oficial de apertura del Proceso Diocesano de Beatificación de nuestra Fundadora: María Isabel González del Valle Sarandeses. Ya el 25 de noviembre de 2019, el Sr. Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, había nombrado un tribunal “Ne Pereant” para ir recogiendo los testimonios de las personas que, por su avanzada edad, podían fallecer antes de que se tramitara el Nihil Obstat para la apertura oficial del Proceso.
En estos cuatro años hemos visto cómo el cariño y admiración hacia la figura de María Isabel ha ido extendiéndose, y esto nos espolea a seguir adelante.

Las misioneras creemos que ni el P. Arnaiz S.J., ni María Isabel, estarían de acuerdo en que mermáramos nuestros trabajos apostólicos por dedicarnos a promover sus Procesos de Canonización. Pero parece que nuestra Santa Madre Iglesia, por medio del pueblo fiel y sus pastores, nos animan a elevar al culto público a estos dos enamorados del Corazón de Cristo que tan heroicamente trabajaron y se desgastaron por el bien de las almas.
El P. Arnaiz y María Isabel son un don de Dios, no solamente para nuestra Obra de las Doctrinas Rurales, sino para toda la Iglesia. Su labor evangelizadora se extendió por muchos rincones de nuestra geografía y su mensaje sigue estando vivo, no solo por el carisma apostólico que nos legaron, sino también en el recuerdo que permanece entre los descendientes de aquellos que los conocieron y trataron, y por el interés creciente entre los que hoy van descubriendo sus vidas y virtudes.
Quizá el difundirse tan rápido la admiración por sus figuras, sea porque tienen un mensaje actual para la Iglesia que está muy preocupada, hoy, por métodos de Nueva Evangelización para nuestra sociedad paganizada.
Ellos fueron dos evangelizadores de vanguardia del siglo XX, con medios novedosos para llegar a los más alejados, a los más pobres material y espiritualmente. Fueron creativos y emprendedores en las formas nuevas, rompedoras, “escandalizantes” para muchos, pero sus empresas y su imparable actividad apostólica estaba empujada desde dentro, por el fuego que abrasaba sus corazones: el amor a Jesucristo que acallaba todo cansancio y toda dificultad.
No caigamos en el error de confundir la labor evangelizadora solamente en una lucha por conseguir para el hombre un bienestar material, ni en dejarlo prisionero de una afectividad sensiblera. La dignidad de cada ser humano está en su llamamiento a vivir la Vida Divina y, únicamente la Gracia que nos santifica, nos llevará a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, dándonos la libertad plena en la máxima docilidad al Espíritu Santo; sólo así seremos testigos valientes de nuestro Dios, que se anonadó hasta tomar un Corazón humano para amar a los hombres y dar la vida por ellos, a fin de que ellos pudieran “divinizarse” y vivir para siempre unidos a su Padre celestial.
Que nuestra creatividad evangelizadora brote, como la del P. Arnaiz y María Isabel, de nuestra identificación con el Corazón del Señor y del deseo de que todos le conozcan y le amen.
Así lo deseamos a todos nuestros familiares, amigos y bienhechores.

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